Fútbol Histórico: El Maracanazo

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Imagen en color del partido decisivo entre brasileños y uruguayos. Fuente: chile.as.com

La Copa del Mundo de 1950 pudo pasar a la historia como el de la vuelta del campeonato tras la Segunda Guerra Mundial, o por su curioso e insólito formato, sin embargo, lo hizo por ser el del Maracanazo

1950. Volvía la Copa del Mundo después de dos ediciones de ausencia debido a la Segunda Guerra Mundial. Lo hacía de la mano de Brasil, país que históricamente ha respirado fútbol en cada uno de sus rincones. Además, con su selección anfitriona como clara favorita, el pueblo carioca se volcó con su combinado nacional. Para ello, se construyó el que hasta entonces era el estadio con mayor capacidad de aforo (183.000 localidades), el estadio de Maracaná. Posiblemente, nunca una selección ha alcanzado tal punto de favoritismo antes de comenzar esta cita, y todo apuntaba a que iba a ser la fiesta del primer campeonato mundialista del país. Sin embargo, el final terminó siendo catastrófico.

Hablar de esta edición es hacerlo probablemente de, además de la más esperada, también la más peculiar. Para la vuelta de este prestigioso torneo, la organización decidió crear un formato novedoso, en el que los 16 equipos serían divididos en cuatro grupos, enfrentándose cada uno de los componentes de los mismos, en un total de tres jornadas por cada uno de ellos. El campeón de cada grupo pasaría de fase.

Sin embargo, en vez de semifinales, se optó por que estos cuatro se jugasen la Copa en una segunda liguilla. Este proyecto provocó varias discrepancias en el núcleo de la FIFA. No obstante, alegando la certeza de que incrementaría la emoción por el título, se terminó llevando a cabo. A día de hoy, no se ha vuelto a usar esta fórmula en ningún Mundial posterior. Además, la Copa fue rebautizada bajo el nombre de Jules Rimet, en honor a los 25 años del dirigente francés en la presidencia de la FIFA

Debido a la paupérrima situación económica que atravesaban varios países luego del conflicto bélico, las selecciones que llegaron a Brasil terminaron por ser 12, además de la anfitriona (España, Italia, Inglaterra, Bolivia, Uruguay, Chile, EEUU, Yugoslavia, Suiza, Paraguay, México y Suecia). Tanto Turquía como la India tuvieron que renunciar alegando dificultades económicas para trasladarse hasta el país. Por otro lado, Escocia renunció, puesto que creían no merecer la plaza puesto a que quedaron segundos en el grupo clasificatorio, superados por la selección inglesa. Con los grupos determinados antes de que estos combinados anunciasen su retiro, los grupos quedaron conformados de la siguiente manera: Brasil, Yugoslavia, Suiza y México en el grupo A, España, Inglaterra, Chile y EEUU en el B, Italia Suecia y Paraguay en el C y Bolivia junto a Uruguay en el D.

El campeonato dio el pistoletazo de salida con una goleada por 4-0 de los locales. Con dos goles de Ademir, uno de Baltazar y otro de Jair ante todo un Maracaná repleto confirmó del todo su candidatura clara a quedarse con el trofeo. Sin embargo, un empate en la siguiente jornada obligó a los cariocas a ganar sí o sí a Yugoslavia para estar en la siguiente fase. Esta vez, de nuevo con el equipo de gala, la anfitriona volvió a superar a su rival por 2-0.

En el segundo grupo se vio la primera gran decepción del Mundial. La selección inglesa partía como favorita a comandar el grupo. No obstante, un pinchazo ante EEUU (que solo tenía un jugador profesional) le llevó a jugarse la vida en la última jornada ante España. Sin embargo, los británicos no corrieron la misma suerte que los brasileños. Un gol de Telmo Zarra a escasos metros de la portería en el 48’ dio el pase a la liguilla final a los españoles. Era el tercer gol mundialista del atacante del Athletic Club.

Telmo Zarra, anotando el gol decisivo ante Inglaterra. Fuente: marca.com

Continuando, el grupo C estuvo marcado por la tragedia de Superga un año antes, donde falleció al completo la tripulación del Torino FC, dominador incontestable del campeonato italiano. A su vez dominaba el once titular de la azzurri, con 10 jugadores en la alineación habitual. El accidente aéreo dejó más que coja a una selección que, con el recuerdo aún reciente de lo ocurrido, decidió trasladarse al país sudamericano a bordo del buque Sises. El agotamiento propio del viaje, sumado a las ausencias provocó que los italianos sucumbiesen ante Suecia, vigente medalla de oro, a las primeras de cambio. Un segundo empate ante Paraguay de los suecos dejaron sin opciones a la que era vigente campeona del mundo en 1938, que al menos se despidió de Brasil con una victoria sobre el conjunto paraguayo por 2-0.

El último de los emparejamientos fue a su vez el que menor emoción tuvo. Uruguay se jugó el pase a partido único ante la posiblemente selección menos potente. Pese a ello, los charrúas salieron con sus mejores hombres, cosechando un 8-0 final a su favor. Destacó la actuación de Óscar Míguez, con tres goles.

Llegaba la fase final, donde Brasil, España, Suecia y Uruguay se jugarían el todo por el todo en una segunda liguilla de campeones. El inicio a este formato sin precedentes lo dio Brasil ante Suecia. Con tres partidos a sus espaldas, el aspirante volvió a reivindicarse ante toda una Suecia que había desterrado a la vigente campeona, asestándole un doloroso 7-1. Ademir, con un póker de goles, ya era la estrella entre la afición. En el otro partido de la jornada, la Uruguay sufrió para sumar un punto ante España, hasta que su capitán Obdulio Varela consiguió empatar en el minuto 73’, consiguiendo el 2-2.

Ademir, delantero brasileño y máximo artillero de aquel Mundial. Fuente: Conmebol.com

Menos complicaciones tuvieron los cariocas para deshacerse de ‘La Furia Roja’. Con 6-1, la anfitriona dejaba sin opciones de título a su rival. Además, su atacante Ademir continuaba intratable, que ya sumaba 8 goles en el torneo. Con un partido más, la distancia respecto a España y Uruguay ya era de tres puntos (con una victoria se sumaban dos, y con el empate uno), con los charrúas aún por jugar su segundo compromiso ante Suecia. Esta vez, la primera campeona de un Mundial pudo festejar una victoria por 3-2, no sin antes remontar el 0-1 inicial del escandinavo Karl-Erik Palmer.

Curiosamente, el destino quiso que el nuevo formato reviviese un partido por el tercer y cuarto puesto, y otro en forma de final por el título.

Para empezar, España y Suecia se jugaron el bronce en un partido en el que el gol de Zarra a falta de ocho del final tan solo sirvió para maquillar la derrota por 3-1 de los españoles. Suecia conseguía el tercer puesto mundialista. Por otra parte, España firmaba la que fue su mejor participación en una Copa del Mundo hasta la gesta del 2010.

Con el tercero en discordia ya decidido, aún faltaba por conocer el gran vencedor, que saldría del encuentro entre brasileños y uruguayos. Cabe destacar que los locales lo tenían todo a su favor, puesto que incluso el empate les valía. Además, teniendo en cuenta el momento de forma que atravesaba, imparables aparentemente, la gloria parecía ser cuestión de horas. Debido a ello, Maracaná se volvió a vestir de gala para recibir a sus guerreros antes de la victoria.

El Maracaná registró el mayor aforo en un partido mundialista, récord que a día de hoy sigue vigente. Fuente: 20minutos.es

En el otro lado, la plantilla uruguaya se unió, sin la menor intención de regalar nada a nadie, al son de su capitán, cuyo discurso pasó a la historia de este deporte. Ni siquiera el propio preparador, Juan López, parecía confiar en sus hombres. Este les invitó a mostrar su lado más defensivo, con el objetivo de que la derrota fuese lo menos sangrienta posible. Contradiciéndole, el capitán Obdulio Varela invitó a sus compañeros a atacar, afirmando que de seguir las pautas de su técnico correrían la misma fortuna que Suecia y España.

“Los de afuera son de palo”. Obdulio Varela.

16 de julio, 15:00 horas. El balón ya rodaba, con dominio predominante de la anfitriona, que supo convertirlo en ocasiones. No obstante, se toparon con el arquero rival Roque Gastón Máspoli en una de las mejores tardes de su carrera. Aunque durante la primera mitad pudieron neutralizar el vendaval, un gol de Friaca a los dos minutos de saltar al césped tras el descanso puso por delante a una Brasil que se veía más campeona. Uruguay necesitaba dos goles, a la par que se abría la veda hacia una nueva goleada local. Consciente de ello, el capitán charrúa procedió a protestar el gol, diciendo que el goleador estaba en fuera de juego. Gracias a esa jugada maestra, el partido se enfrió.

Casi veinte minutos después Schiaffino consiguió reestablecer las tablas en el marcador a pase de Ghiggia. Para finalizar, en el minuto 79 llegó lo inesperado. Una excelente acción por el carril derecho de Ghiggia y posterior remate al palo corto defendido por el cancerbero Moacir Barbosa supuso el 1-2 que daba el campeonato a Uruguay.

Con diez minutos restantes, la selección brasileña nadó a contracorriente por un empate en el que nadie confió, hasta llegar el minuto 90. Se consumaba la catástrofe nacional. Brasil, favorita por antonomasia, que se veía campeona antes de empezar siquiera el campeonato, caía en la última fecha cuando lo tenía más que hecho. Al otro lado de la moneda, Uruguay se consagraba nuevamente campeona del Mundo. La misma selección que fue arrojada a los leones en el Coliseo del Maracaná terminó dando la mayor sorpresa vista en una Copa del Mundo, y que recibió prácticamente a escondidas el trofeo de mano de un Jules Rimet que traía preparado el discurso para el más que probable campeón en portugués.

Atrás quedaba un país sumido en la máxima depresión, que llevó a multitud de aficionados al suicidio. El país entero lloró, y convirtió a los mismos jugadores que se las prometían de héroes en los máximos responsables. Especialmente su guardameta Moacir Barbosa, quien sufrió la presión de encajar el gol de Ghiggia hasta su muerte en el año 2000.

Con el mal trago, se llegó a la conclusión de que lo sucedido tendría que suponer un punto de inflexión en la selección carioca, obligada a reinventarse. La primera medida fue la de cambiar el blanco de la equipación por el característico amarillo que luce a día de hoy. Ocho años después, una nueva generación de futbolistas comandados por Garrincha, Djalma Santos y un Pelé de solo 17 años trajo al fin la ansiada primera Copa Mundial al país. Sin embargo, ni esta ni las cuatro siguientes conseguirán jamás olvidar lo sucedido aquel 16 de julio del año 1950, que pasó a los anales de la historia del fútbol como “el Maracanazo”. 70 años después, su herida aún perdura en el país.

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